La buena atención al cliente, un arte en extinción

La buena atención al cliente, un arte en extinción

En la cafetería, el supermercado, esos grandes almacenes, la gasolinera, el comercio en general; o cuando pretendemos llamar por teléfono a ese sitio de Internet, que tiene unos vuelos muy económicos, o unas cámaras digitales a precio de risa, ¿nos sentimos atendidos?.

Esta claro que el precio y la calidad de un articulo, son esenciales para decidir una compra, pero ¿en que puesto dejamos la “ATENCION”?.

La buena atención hacia los posibles compradores, no solo se esta perdiendo, en algunos casos, ya es difícil, que simplemente te atiendan.

Y no hablamos de alguna compañía de teléfonos, que desde que dejo la atención, mediante sus oficinas al público; te podías envejecer antes de que te contestaran el teléfono. Si sumamos la cantidad de comercio electrónico online, que parece que la empresa que ha puesto el negocio, cree que ha puesto una maquina expendedora en el hiperespacio, y que solo tiene que contar las recaudaciones de forma automática. Resulta desalentador, el poco valor que tiene el cliente. Esta crisis de atención, no solo sucede en las relaciones comerciales de particulares. Algunas grandes empresas de distribución, muchas de ellas multinacionales; han logrado convertir a sus empleados, en una especie de funcionarios públicos, (solo me refiero a la fama de los funcionarios públicos), a los que solo les falta una estrecha ventanilla, donde colocar un cartelito de “cerrado”, mientras meriendan apaciblemente.
Estamos en una época de prosperidad persistente, donde la demanda crece sin parar, que los vendedores están convencidos de su carácter de benefactores de sus clientes, a los cuales les conceden su precioso tiempo. Pero siempre que se pueda, nada de vendedores, ¡ que los clientes se apañen! se atiendan a si mismos y luego pasen por caja.

Parece que los vendedores a la antigua usanza, estamos en franca extinción y cada vez es mas frecuente, recibir agradecimientos y hasta felicitaciones de nuestros clientes, o posibles clientes; solo por haberles atendido.
El arte de vender, se ha convertido en un automatismo impersonal. Se acuerdan de esa frase: “¿en que le puedo atender?”, acompañada de una sonrisa que invitaba al dialogo. Lo frecuente ahora, es encontrarnos con una persona, en aparente estado catatónico, que espera le indiquemos que necesitamos.

Tristes tiempos de prosperidad, donde el consumidor es un índice en una de tantas estadísticas.

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